aquella mancha en el costado del techo
me mira con ojos dulces y grandes,
la miro y no puedo no desearla entre mis manos,
la miro pero de repente sus ojos suaves se transforman en demonios,
y los fantasmas salen a bailar a la tenue luz de mi habitación.
no quieren irse por la ventana, no van a irse, no se calman,
y la mancha en la pared, desaparece, como todo.
fui engañada por la dulzura de mi propio infierno.
una vez más,
despierto,
en el medio de esta herida infinita.
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