sábado, 28 de octubre de 2017

un último poema, quizás

vos sos mi edad, mis razones, unas cuantas. sos una verdad absoluta.
tus ojos que me miran y sin querer nos vamos a otras realidades paralelas, tus labios que ni siquiera recuerdo la forma pero si tengo la imágen, un primerísimo plano a tu boca, cuello y algo de hombros desnudos, como esas veces que me acostaba sobre vos con la nariz metida entre tus clavículas y sin querer te miraba. esa imagen permanece, tanto como las ganas de volver a tumbarme en una cama ajena y sin necesidad de una palabra sentirme viva, sentir eso que todos quieren y que sientas lo mismo. volver a destapar la ventana y descubrir que todavía es de día, guiarme según el sol porque perdí la noción del tiempo a tu lado. mirar tu pelo casi dorado y enroscar mis dedos entre tus rulos a medias, que te juro a veces cierro los ojos y siento ese tacto, o las yemas de tus dedos en mi cara, apoyándolos como si fuera lo más frágil del mundo y fueras a protegerme de la mierda que hay afuera de este departamento.
a veces aparece sin querer la imagen de dos cuerpos vistos desde lejos, somos nosotros. me gusta hasta la palabra nosotros cuando se refiere a vos y a mi. hasta en mi perfume te encuentro, que se pegó en tu ropa, en las sábanas afloradas de una cama que ni siquiera es nuestra. se pegaron. como nuestros sueños compartidos para el futuro, como mi corazón al tuyo aún después de descubrir que no son tan iguales como creíamos. se pegaron, como un abrazo interminable después de días sin vernos. todavía me acuerdo de todo los detalles que tal vez sean insignificantes para vos y quizás no recuerdes mucho, porque también recuerdo que todo lo olvidas. como el tuc tuc de tu corazón cuando me quedaba con mi oreja en tu pecho, y mi inconsciente le pedía a la vida que te quedaras, pero lo más importante en ese momento, que el tiempo no pase. te tenía al lado y ya te extrañaba. pero ¿como si ni siquiera te habías ido? como todo en los dos desde un principio, apresurado. como la blancura de tu piel y de como nos reíamos de tu nariz que se ponía roja de la nada. como los textos que todavía guardo y que escribiste no hace mucho. como la vez que me dijiste que para vos yo era perfecta, y ahora me río irónicamente porque te advertí y descubriste que no soy la mujer ideal.
la euforia interminable antes de irme a dormir por como me despedias que no olvidaría nunca, o la alegría al despertarme y ver un mensaje tuyo, un solo mensaje, pero eras vos, en símbolo de acá estoy de nuevo. pasarnos el humo de boca en boca. cada vez que me besabas y parabas para un te amo que lo sentíamos a fuego vivo y todo mi cerebro repitiendo alegría, sabiendo que habíamos ganado la batalla y después de tormentas estábamos juntos de nuevo. juntos y al fin. porque respiraba tu mismo aire y encontraba la paz absoluta, porque te amaba como si yo te hubiera creado y se me hacia imposible la idea de sentirte en carne y hueso, difícil comprender que si otros te crearon fui yo la privilegiada de compartir horas con vos. tal vez esa fue mi misión como artista y ahí se termina mi vocación, en haberte pintado, parece que te hubiera elegido hasta el color raro de la barba, los puntitos blancos de tus ojos celestes. cerrar los míos, abrirlos y ver que me seguías mirando todavía. estar en silencio, en otro mundo.
ver tus expresiones tímidas como si todavía fueras un nene que le tiene miedo a todo, y es que conozco hasta tus puntos débiles, tus dudas y claro, tus miedos. te conozco como si fueras yo, tan yo que por eso chocamos y creemos que somos opuestos.
verte en fin. verte callar, verte reír, verte pedirme que me quede sin saber que ya me quedé desde antes, que me quedo hoy, que te elegí y me voy a quedar siempre, atrapada en el buen sentido, en las ganas furiosas y todo el amor que echaste sobre mi alma, sobre mi "ya no voy a volver a enamorarme nunca más".

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