estoy en la sala de espera hará unos cuarenta minutos.
cuarenta minutos insoportables.
hace cuarenta minutos mi cerebro está haciendo cortocircuitos,
trayéndome imágenes de un pasado no tan lejano
que me dobla en dos.
cuarenta minutos horribles,
y ya no quiero pensar.
miro la pared blanca,
y no es más que una pared blanca mirándome a mi,
simple,
como lo éramos los dos.
miro la ventana,
cae otro atardecer en la estúpida ciudad.
miro al resto de la gente esperando
((tal vez algo más que su turno))
todos ellos son iguales y en eso,
recuerdo que ya nunca voy a volver a reconocer entre la multitud
a alguien como vos.
me miro en el espejito de la derecha,
esta soy yo, vestida de blanco, ahí están mis ojeras.
esto soy yo, soy real,
y me pregunto cómo terminé acá.
intento leer una revista,
pero las letras me hacen recordar esos pseudos poemas que te escribí
y que todavía andan por ahí,
en pedacitos de papel arrugados por la rabia del momento.
en pedacitos de papel arrugados por la rabia del momento.
y ni hablar de las fotografías.
todo lo que veo últimamente
me hace acordar a vos,
y con ello, recuerdo que esto no pudo ser.
una hora ya.
esto me está volviendo loca.
esto me está haciendo mirar atrás.
pero al menos me sirve para olvidar el ejercicio de olvidar.
me sirve para darme cuenta de que es absurdo pretender el olvido.
el corazón tiene sus tiempos,
y hay que saberlo esperar.
una hora y quince minutos,
y ya simplemente no quiero estar más.
desearía poder arrancarme la cabeza,
o al menos despegarme de este absurdo cable a tierra.
creo y afirmo otra vez
que sin vos
estoy en el mundo equivocado.
o al menos despegarme de este absurdo cable a tierra.
creo y afirmo otra vez
que sin vos
estoy en el mundo equivocado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario