yo creo que no son las personas, ni los momentos, sino la costumbre.
la costumbre de verse seguido, o de convivir,
de hablar todos los días,
de los mismos abrazos y besos provenientes siempre de la misma persona.
porque cuando algo se termina,
cuando algo muere,
es como mudarse de ciudad,
como cambiarse de casa,
después de un tiempo,
dejamos la costumbre pasada y adquirimos una nueva,
y así finalmente,
a la larga, queramos o no,
nos acostumbramos,
y todo pesa menos,
todo pasa a ser un recuerdo,
y deja de doler.
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